Una mañana desperté, era un día común, sin duda un hermoso día, hice todas esas cosas habituales que uno hace, sin dejar  de pensar en aquel sueno que tuve, hacia ya unos minutos; suspire al pensar que mis sueños fueron en un momento la realidad mas hermosa que pudieron presenciar mis sentidos.

Ese sueño que representaba todo lo que alguna vez tuve en mis manos, soñé contigo, soñé con tus manos, soñé con tu piel, soñé con ese infinito minuto en el cual grabé cada centímetro de tu cuerpo.

Ese sueño que describía todo lo que mi ser quería volver a sentir, todo esas emociones tan fascinantes e indescriptibles, que un ser humano puede experimentar con el solo roce de dos pieles totalmente enamoradas.

Ese sueño en donde estabas tu, adueñándote de todo, del aire, del tiempo, de mi cuerpo, de mi piel, adueñándote de todos mis pensamientos, haciendo que mi cuerpo quedara en un desasosiego de emociones.  

Desde ese momento, en el que mi mente dejo de pensar y mi ser empezó a sentir no hago mas que tener ese sueño, en el que cada noche me recuerda la realidad perfecta de una utopía.

Hoy desperté, no había soñado absolutamente nada, entendí que no te tenia, comprendí que como un sueño se pierde cuando despertamos, así perdí esa realidad que tanto ame.